El poder de discernir las relaciones

La Biblia nos muestra que las relaciones conllevan tanto bendiciones como maldiciones. En la historia de Jonás, los hombres del barco rumbo a Tarsis percibieron inmediatamente la dificultad en las olas. Se dieron cuenta de que algo andaba mal espiritualmente y dijeron: «Vengan, echemos suertes para ver quién es el responsable de este problema» (Jonás 1:7). Cuando la suerte cayó sobre Jonás, comprendieron que era él quien había causado esta desgracia. La persona equivocada a veces puede desatar una tormenta espiritual.

Esta verdad sigue vigente hoy. Hay personas que, al entrar en tu vida, sin quererlo, traen consigo nubes de infortunio que afectan tu progreso. Las Escrituras nos muestran este patrón una y otra vez. Cuando Jezabel entró en Israel, trajo idolatría, agitación y hambruna. Sin embargo, también vemos lo contrario: relaciones que conllevan favor e impartición divina. Cuando David se relacionó con Jonatán, el legítimo heredero al trono, la gracia y el favor se inclinaron hacia él; su pacto le abrió las puertas para acceder al reinado (1 Samuel 18:1-4).

Las relaciones no son neutrales. Hay personas que, al conectar con ellas, te brindan paz, claridad y crecimiento, y otras que te traen confusión, pérdida y retraso. Por eso es tan importante el discernimiento. La Palabra de Dios es «viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y el espíritu, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12). La Palabra misma se convierte en la herramienta más poderosa para el discernimiento, revelando lo que la sabiduría humana no puede.

Cuanto más arraigado esté un creyente en las Escrituras, más fácil le resultará reconocer la diferencia entre las relaciones que dan vida y las que la agotan. La Biblia también declara: «El que anda con sabios se vuelve sabio, pero el que se junta con necios sufrirá daño» (Proverbios 13:20). Las personas con las que te relacionas moldean el resultado de tu vida. Dios usa a las personas para elevarte, pero el enemigo también las usa para retrasar o destruir lo que Dios está construyendo en ti.

Siempre que Dios promueve o eleva a alguien, el enemigo suele enviar conexiones erróneas disfrazadas de ayuda, amistad u oportunidad. Jesús enseñó que mientras los hombres dormían, «vino el enemigo y sembró cizaña entre el trigo» (Mateo 13:25). Esa cizaña puede representar relaciones erróneas: personas enviadas para ahogar tu crecimiento o perturbar tu rumbo. Toda promoción atrae tanto a ayudantes divinos como a conexiones falsas.

Se necesita discernimiento para saber cuál es cuál. El discernimiento no es sospecha; es claridad espiritual. Te permite percibir si una conexión implica la presencia de Dios o algún otro propósito. Un corazón perspicaz puede percibir cuándo la paz acompaña la presencia de una persona o cuándo la inquietud la sigue. El Espíritu de Dios da esa sensibilidad a quienes permanecen en la Palabra y en oración. Si te falta sabiduría, la Biblia te invita a pedirla: «Si alguno de ustedes tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, quien da a todos abundantemente» (Santiago 1:5).

No todos están destinados a formar parte de tu círculo íntimo. Hay personas clave designadas por Dios para traer favor, fortaleza y alineación a tu destino, y hay otras que te pondrán a prueba, te distraerán o te destruirán. Elegir sabiamente es necesario para cumplir el destino que Dios ha planeado. Mi oración es que Dios te dé un corazón perspicaz para que tus relaciones se conviertan en canales de gracia, no en puertas de lucha. Que conectes con las voces correctas, te protejas de las malas influencias y te adentres en las conexiones divinas que abrirán tu próxima etapa. Que Dios te bendiga.

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