Empujar hasta la hora del avance

Hay un momento en la vida de Jesús en el que subió a un monte con tres de sus discípulos para orar con ellos. Estos eran los mismos discípulos que lo acompañaron al Monte de la Transfiguración, lo que significa que comprendieron que los momentos con Jesús no eran comunes; eran momentos de encuentro. Sin embargo, en ese momento, al volver a subir, estaban cansados ​​y se durmieron. Lo curioso es que Pedro era pescador, y como pescador, estaba acostumbrado a pasar la noche despierto vigilando sus barcas. Entonces, ¿qué pudo haber en esa atmósfera específica que hizo que Pedro se durmiera? No era solo que Pedro estuviera exhausto; la atmósfera era pesada. Jesús incluso reconoció la presión espiritual de ese momento, diciendo: «Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo» (Mateo 26:38). Siempre que estás a punto de entrar en una etapa de transición (cambio), hay una sensación de pesadez en la atmósfera, porque el enemigo quiere desanimarte para que no te esfuerces por alcanzar tu progreso.

Una vez leí la historia de Thomas Edison, quien intentó más de mil experimentos en el proceso de inventar la bombilla. Cuando le preguntaron sobre sus fracasos, dijo la famosa frase: "No he fracasado. Solo he encontrado 10,000 maneras que no funcionan". Imaginen si, en el intento número 9999, Edison se hubiera dado por vencido. ¿Habríamos tenido la bombilla? Posiblemente, alguien más podría haberla inventado después, pero no habría sido Edison. Habría renunciado a su gran avance porque no lo intentó una vez más. Siempre hay una gran fuerza que entra en la atmósfera justo antes del gran avance. Siempre hay una presión que te hace sentir como: "No puedo más" o "No puedo seguir adelante". Las Escrituras nos advierten sobre este momento: "No nos cansemos de hacer el bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gálatas 6:9). La clave para cosechar no es solo el esfuerzo, sino la perseverancia.

Jesús confrontó a sus discípulos con esta misma realidad cuando dijo: "¿No habéis podido velar conmigo una hora?" (Mateo 26:40). Muchos han interpretado esto como que Jesús prescribía un mínimo de una hora de oración, pero cuando más tarde dijo: "Duerman y descansen; he aquí, la hora está cerca" (Mateo 26:45), claramente se refería a un momento, una temporada, un tiempo señalado, no a sesenta minutos. La "hora" era un tiempo de transición espiritual, una ventana de significado profético. La oración no se rige por la duración, sino por la persistencia hasta el avance. Muchos creyentes nunca han perseverado hasta la hora del avance. Muchos nunca han perseverado hasta la hora del crecimiento o la hora de la transición. Siempre hay un momento decisivo, pero muchos se rinden al intento número 999 y nunca llegan al milésimo.

Jesús añadió: «Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil» (Mateo 26:41). El desánimo espiritual no siempre es señal de debilidad personal; a menudo es señal de que el progreso está cerca. Hay una razón por la que justo antes del amanecer siempre está más oscuro. Justo antes del progreso siempre hay resistencia. La Escritura nos recuerda: «Por la noche durará el llanto, pero a la mañana vendrá la alegría» (Salmo 30:5). La mañana no llega simplemente; hay que perseverar para alcanzarla.

Hoy en día, muchas personas están cansadas. Muchas se sienten perdidas. Muchas sienten ganas de decir: «Ya no puedo más». Pero este es el momento preciso en el que, si te detuvieras solo una hora, solo por este momento, te encontrarías caminando hacia un avance mayor. Dios declaró: «He aquí, voy a hacer algo nuevo; pronto saldrá a la luz; ¿no lo sabréis?» (Isaías 43:19). La pregunta no es si Dios lo hará, sino si permanecerás despierto lo suficiente para verlo.

Esta es una época de gran crecimiento. Esta es una época de gran avance. Mi oración por ti es que no te rindas. Puede que estés en tu momento 9999, pero Dios te llama a esforzarte una vez más. Los discípulos se durmieron justo en el momento que definiría su destino, no por pereza, sino porque el ambiente estaba cargado de transición. No dejes que tu hora se desvanezca, ni se desanime, ni se demore. Espera un momento más. Esfuérzate una vez más. Ora una vez más. El avance es tu porción.

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