Reinos del avance: el poder de la fe y el perdón

En Marcos 11:23, la Biblia declara:

"Porque de cierto os digo que cualquiera que diga a este monte: "Quítate y échate en el mar", y no dude en su corazón, sino crea que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.

Esta escritura revela una verdad poderosa: si no dudamos y hablamos con fe, nuestras palabras tienen el poder de hacer que las cosas sucedan. No hay límites; incluso una montaña puede ser conmovida por las palabras que declaramos. Sin embargo, nuestras palabras deben estar respaldadas por la fe y ser pronunciadas con convicción.

En el siguiente versículo, Marcos 11:24, Jesús continúa:

"Por tanto os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá."

Esta escritura enfatiza una actitud de fe inquebrantable en la oración. Sin importar el obstáculo que se interponga en nuestro camino, si oramos con fe, ese obstáculo desaparecerá. Jesús nos enseña sobre un gran reino de progreso, una dimensión donde no hay límites y donde nuestras palabras se alinean con nuestra fe.

Sin embargo, en el versículo 25, Jesús añade una condición importante:

"Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas."

Muchos asumen que la fe que mueve montañas se trata solo de creer, pero Jesús introduce otro elemento clave: el perdón. Cuando oramos, creyendo en Dios por lo imposible, también debemos perdonar. Este es un principio divino. Antes de poder hablar a las montañas, debemos asegurarnos de que nuestros corazones estén libres de rencor.

Este concepto se refuerza en Mateo 5:23-24, donde Jesús enseña que si traemos una ofrenda al altar pero tenemos asuntos pendientes con un hermano, primero debemos reconciliarnos antes de presentar nuestra ofrenda. Esto demuestra que la falta de perdón puede ser un obstáculo para nuestro progreso. El enemigo lo sabe y a menudo provoca conflictos para mantenernos atados, impidiéndonos acceder a los reinos superiores de Dios.

El perdón es esencial para la elevación espiritual. El Padrenuestro en Mateo 6:12 dice:

"Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores."

Cada vez que Dios anuncia progreso y crecimiento, también habla de perdón. Esto nos muestra que solo se puede acceder a ciertas esferas de bendiciones cuando dejamos atrás las heridas del pasado. El enemigo lo entiende y a menudo siembra discordia, especialmente entre las familias, para impedirles vivir en su herencia divina.

Muchas iglesias y familias no logran ascender a mayores dimensiones debido a la falta de perdón no resuelta. Si deseamos vivir en mayores dominios del poder y el favor de Dios, debemos liberarnos de toda forma de amargura y ofensa. Aferrarnos al rencor nos impide avanzar al siguiente nivel de nuestro destino.

Cada vez que Dios eleva a un hombre o una mujer, surge oposición. ¿Por qué? Porque el enemigo quiere atrapar a las personas en la falta de perdón, impidiéndoles recibir las bendiciones que provienen de esos ungidos. No permitas que la ofensa te obstaculice. Elige perdonar a diario y vivir en amor, pues al hacerlo, descubres nuevas dimensiones de gracia y favor.

Oraciones para el avance y el perdón:

1. Padre, si algún reino se ha cerrado para mí por falta de perdón, ayúdame a caminar en el perdón para que pueda acceder a mis bendiciones.

2. Señor, a cada persona enviada por Ti para bendecirme, y a quien el enemigo quiere que resienta, ayúdame a permanecer libre de la falta de perdón.

3. Padre, a cada nivel que mueve montañas al que me estás llevando, no permitas que ninguna semilla de falto de perdón me impida entrar en él.

4. Señor, todo reino de favor, provisión y aumento destinado para mí, no permitas que la falta de perdón sea un obstáculo para recibirlos.

5. Padre, danos nuestro pan de cada día y la gracia de caminar en el perdón para que no seamos limitados en ninguna área de nuestra vida.

¡Dios lo bendiga!

 

Anterior
Anterior

Nivel Up: adornado para mi nuevo nivel

Próximo
Próximo

El clamor del alma: Buscando a Dios en tiempos de angustia