Muchos creyentes luchan económica y espiritualmente porque han quebrantado un principio simple pero poderoso: dar. A menudo se oye decir: «Hombre de Dios, no tengo, por eso no doy». Pero la verdad es que no tienes porque no has dado.
La Biblia enseña que el don de un hombre le abre camino (Proverbios 18:16). Hay que sembrar antes de la cosecha. Si no sembras, cuando llegue la cosecha, no tendrás nada.
Los hijos de Israel se encontraron con este principio al entrar en la Tierra Prometida. La primera ciudad a la que llegaron fue Jericó, y Dios ordenó que todo en ella fuera destruido (Josué 6:17). ¿Por qué? Porque eran las primicias de la tierra, consagradas al Señor. Esto nos enseña que dar a Dios no se trata solo de obediencia, sino de fe y confianza en su provisión.
El diezmo y las ofrendas a menudo se malinterpretan como reglas del Antiguo Testamento. En realidad, dar es un principio de fe que demuestra confianza en Dios (Malaquías 3:10, Lucas 6:38). Cuando das con generosidad, declaras: «Dios, confío en que proveerás para mí».
Consideremos la historia de un hombre que fabricaba una marca importante. Él dijo: "¿Por qué Dios quiere el diezmo? Le daré el 90% y viviré con el diezmo". Al dar con generosidad, se preparó para el crecimiento y el éxito, demostrando el poder de confiar en Dios con nuestros recursos.
En la actualidad, enseñar sobre la generosidad es un reto. Muchos creyentes sufren por culpa de quienes abusaron de su confianza en la iglesia. Sin embargo, el principio permanece: lo que das al dar crea espacio para tu bendición.
La Biblia lo confirma:
«Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosante, se os dará en vuestro regazo. Porque con la misma medida con que medís, se os volverá a medir» (Lucas 6:38, NVI).
«Traigan todos los diezmos al alfolí, para que haya alimento en mi casa; pruébenme ahora en esto —dice Jehová de los ejércitos—, si no les abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde» (Malaquías 3:10, NVI).
Pregúntate: ¿Qué he dado hoy con la esperanza de un mañana mejor? ¿Qué semilla he sembrado para el don que quiero manifestar?
Dar no se trata de carencia, sino de prepararse para recibir abundancia, favor y provisión sobrenatural. Al adoptar este principio, Dios rompe las limitaciones y libera las bendiciones que tiene reservadas para ti.