Vista previa exclusiva de la serie Last Judges

POR HUMPHREY MTANDWA

Enoc profetizó y habló de los jueces que surgirían en nuestros tiempos. Habló de cómo condenarían al mundo por su pecado. Estos hombres y mujeres portan el Espíritu Santo y, con él, convencen al mundo de su pecado.

Para ser juez, se te debe conferir autoridad, y esta se otorga mediante el conocimiento de las Escrituras. Estos hombres comprenden la Palabra de Dios y la han dominado tanto que se han vuelto uno con ella.

La Palabra y el Espíritu nos capacitan para ser jueces. Debe haber un equilibrio entre la Palabra de Dios y su Espíritu Santo. En nuestros tiempos, quienes manifiestan el Espíritu de Dios en su plenitud, algunos desconocen las Escrituras, y quienes las conocen no manifiestan el poder del Espíritu Santo. Debe haber un equilibrio. Debes dominar tanto la Palabra como el Espíritu. Si dominas este principio, tu capacidad aumenta y también tu posición como juez. Cuanto mayor sea tu luz, más precisos serán tu juicio y tu ejecución.

La oscuridad desaparece cuando brilla la luz; nosotros, como jueces, introducimos luz en cualquier ámbito oscuro. La oscuridad puede ser cualquier cosa que sea contraria a la Palabra de Dios. «Pero el espiritual juzga todas las cosas; sin embargo, él mismo no es juzgado por nadie» (1 Corintios 2:15).

Es a través de los ojos de la Palabra de Dios que uno juzga. Es la Palabra la que nos hace espirituales. Nos da discernimiento. Pero nadie puede juzgar al elegido porque no tiene el instrumento para hacerlo. El instrumento es la Palabra de Dios. La Palabra es luz. Es esa luz que uno lleva consigo, la que atraviesa las situaciones, la que lo convierte en juez. Muchos no llevan la Palabra, por lo que no pueden traer el orden de Dios al mundo. Un juez lleva la luz que expone la oscuridad y la naturaleza del maligno. La enfermedad, la pobreza, el hambre, el miedo, el dolor: todo esto puede ser juzgado, pero solo a través de la Palabra de Dios.

La iglesia aún no ha definido plenamente su postura, y dado que algunos aún son víctimas de los sistemas del mundo, en su libro titulado "El Hombre Dios", el profeta Tanya Jeriel afirma que Dios no habla inglés y continúa describiendo su voz. Muchos creyentes no están familiarizados con la voz de Dios. Prefieren que alguien les cuente su propia experiencia e interpretación de las Escrituras. Continúa diciendo: "Moisés anhelaba escuchar la voz de Dios, pero los hijos de Israel la temían". Muchos creyentes no saben cómo relacionarse con Dios.

La iglesia actual no ha comprendido plenamente su posición y, a menos que despierte a esta realidad, quizá no pueda juzgar al mundo ni someterlo a la voluntad de Dios. Somos el ejército del amanecer, pero en sus filas no debemos ser niños, sino creyentes maduros capaces de comprender la Palabra de Dios y usarla eficazmente para juzgar al mundo mismo de su pecado.


Dios lo bendiga.

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