El costo del pan obtenido mediante engaño: una perspectiva bíblica sobre la corrupción y la provisión

En el Padre Nuestro, Jesús nos enseña a orar: «Danos hoy nuestro pan de cada día» (Mateo 6:11). Esta simple pero profunda petición conlleva una poderosa promesa: provisión diaria para cada persona. Dios es el proveedor supremo, y su sistema garantiza que cada persona tenga acceso a lo que necesita. La Biblia incluso nos recuerda que Dios «hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mateo 5:45), lo que subraya que su provisión es abundante e imparcial.

Sin embargo, a pesar de la generosidad de Dios, muchas personas no se conforman con el pan que Él les provee. Proverbios 20:17 declara: «El pan ganado con engaño es dulce al hombre, pero después su boca se llenará de grava». Este versículo ilustra una verdad eterna: la riqueza o el éxito adquiridos mediante la corrupción, la codicia o el engaño pueden parecer atractivos al principio, pero conllevan un costo inevitable. Las ganancias ilícitas pueden parecer placenteras, pero traen frustración, problemas y consecuencias que a menudo se extienden al hogar.

La avaricia es el meollo de este problema. Proverbios 15:27 advierte: «El que ambiciona ganancias injustas perturba su propia casa, pero el que aborrece el soborno vivirá». Quienes buscan riquezas fuera de la provisión de Dios a menudo disfrutan de un éxito temporal, pero las estructuras que construyen son inestables. Sus familias pueden perder la seguridad y la prosperidad que parecían disfrutar puede derrumbarse. Si bien puede ser fácil conducir un auto lujoso o vivir en una casa imponente obtenida mediante engaños, la Biblia nos asegura que siempre hay un precio que pagar.

El patrón es claro: cualquier cosa adquirida fuera del sistema de Dios —mediante corrupción, manipulación o robo— es, en última instancia, destructiva. Eclesiastés 7:7 dice: «Ciertamente la extorsión vuelve necio al sabio, y el soborno corrompe el corazón». La riqueza obtenida ilegalmente o con falta de ética puede parecer dulce al principio, pero corrompe el alma y deja consecuencias duraderas. Proverbios 4:24 añade una dimensión moral: «Aparta de ti la boca engañosa; y aleja de ti los labios perversos». La integridad en palabra y obra constituye la base de una provisión duradera.

En cambio, quienes prosperan gracias a la provisión de Dios y actúan con integridad construyen legados que perduran más allá de su vida. Su éxito no solo los beneficia a ellos mismos, sino también a sus familias y comunidades. Las habilidades, la diligencia y la fiel administración bajo la guía de Dios crean una riqueza sostenible y llena de bendiciones. No hay atajos para la verdadera prosperidad, y la paciencia y la obediencia son esenciales.

Como nación y como individuos, estamos llamados a alinear nuestras vidas con el sistema de provisión de Dios. Si bien la sociedad suele celebrar a quienes adquieren riqueza rápidamente o mediante artimañas, las Escrituras nos recuerdan que la justicia divina prevalece. Proverbios 13:11 enseña: «Las riquezas adquiridas con prisa disminuirán, pero el que las recoge poco a poco las aumentará». El éxito a largo plazo de una vida cimentada en los principios de Dios supera con creces las ganancias temporales derivadas de la corrupción.

Mi deseo, al escribir este artículo, es desafiar tanto a las personas como a la sociedad a buscar la riqueza y la provisión de forma ética, fiel y bíblica. Confiemos en Dios como nuestro proveedor, usemos nuestras habilidades y talentos con integridad y resistamos la tentación de obtener ganancias mediante el engaño o la manipulación. Al hacerlo, no solo aseguramos bendiciones para nosotros mismos, sino que también creamos legados generacionales duraderos.

En conclusión, el pan que Dios provee puede no ser siempre el camino más rápido ni el más fácil, pero es el camino de la vida, la estabilidad y la paz. El pan obtenido con engaños puede parecer dulce al principio, pero sus consecuencias son amargas y destructivas. Que, como individuos y como nación, nos comprometamos a construir vidas, familias y sistemas según los principios de Dios, confiando en que Él nos proveerá el pan de cada día y bendecirá el trabajo de nuestras manos.

Dios lo bendiga.

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