Contando nuestros días: Desbloqueando la sabiduría a través de la Acción de Gracias
Moisés oró una vez: «Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría» (Salmo 90:12). En esa oración se encuentra una clave que muchos creyentes pasan por alto. Contar nuestros días es ser conscientes de nuestro camino con Dios, rastrear su mano en los senderos que hemos recorrido. La historia misma se estudia para que los hombres puedan evitar los errores del pasado. La Biblia dice: «No hay nada nuevo bajo el sol» (Eclesiastés 1:9). Se estudiaron las pandemias, se revisaron las respuestas pasadas y, mediante este estudio, se han gestionado las pandemias futuras. Los hombres aprendieron de sus errores y, al mirar atrás, se prepararon para el futuro.
De la misma manera, Moisés nos enseñaba que la sabiduría nace al recordar lo que Dios ha hecho en nuestras vidas. Demasiados creyentes viven amargados y frustrados porque no se han detenido a reflexionar sobre su historia con Dios. La gratitud a menudo se pierde entre el ruido de nuestras quejas. Sin embargo, la historia de José en Génesis demuestra el poder del recuerdo. Traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo, acusado falsamente y encarcelado; a primera vista, estos eventos fueron tragedias. Pero cuando José se presentó años después como gobernador de Egipto, lloró ante sus hermanos y declaró: «Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para salvar la vida de mucho pueblo» (Génesis 50:20). Lo que parecía traición era preservación. Lo que parecía pérdida era posicionamiento.
La razón por la que muchos no son promovidos a la siguiente etapa es porque no reconocen la mano de Dios en sus etapas pasadas. La gratitud abre la sabiduría. La acción de gracias abre la puerta al siguiente nivel. Sin agradecimiento, no podemos ver con claridad los patrones divinos que nos preparan para el crecimiento. José contó sus días y halló sabiduría en ellos. Por eso pudo perdonar, liberar la amargura y abrazar su destino.
Jesús mismo confirma este principio en Lucas 17, donde sanó a diez leprosos, pero solo uno regresó para dar gracias. Al que regresó, Jesús le declaró: «Tu fe te ha sanado». Sanar es bueno, pero la plenitud es perfección. La acción de gracias conduce a la perfección. Cuando agradeces a Dios por lo que ha hecho, él completa lo que comenzó.
Hoy no es un día cualquiera; es una invitación a la perfección. Dios nos llama a una época en la que la gratitud debe ser más fuerte que la queja, donde el testimonio debe ser más fuerte que la amargura. Al reflexionar sobre tu vida, recuerda los momentos en los que Dios intervino, las puertas que abrió, la protección que dio, la sanidad que trajo. Escríbelos. Decláralos. Compártelos. Esta es la clave para inclinar tu corazón a la sabiduría.
La palabra del Señor es clara: «Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5:18). La acción de gracias no es opcional; es la voluntad de Dios. Es una semilla para la cosecha del mañana. Es el puente hacia tu próximo ascenso. Niégate a ser como los nueve leprosos que recibieron sanidad, pero no alcanzaron la perfección. Elige, en cambio, ser quien regresó, quien reconoció la mano de Dios y fue sanado.
Este es un día de testimonios. Es un día de acción de gracias. Es un día para declarar: «Grandes cosas ha hecho el Señor por nosotros; de lo cual nos alegramos» (Salmo 126:3). Tu siguiente nivel se esconde en tu acción de gracias. Tu perfección se desbloquea con tu gratitud. La temporada ha llegado. Que Dios te bendiga.
Instrucción de hoy
Hoy, Dios nos llama a una actitud de gratitud. Estos son los pasos:
Da gracias. Escribe tus testimonios: tus oraciones contestadas, provisiones y avances. Compártelos abiertamente (Salmo 105:1).
Oremos con agradecimiento. Agradezcamos a Dios no solo por lo que ha hecho, sino también por lo que está haciendo y lo que hará (1 Tesalonicenses 5:18).
Siembren con fe. Sigamos las instrucciones de ofrenda del video a continuación, según la guía de Dios, sabiendo que la gratitud y la obediencia nos preparan para el siguiente nivel (2 Corintios 9:10-11).
Declaración
Padre, te agradezco cada testimonio, cada liberación, cada bendición en mi vida. Enséñame a contar mis días, para que incline mi corazón a la sabiduría. Rechazo la amargura, elijo la gratitud y declaro que esta es mi etapa de ascenso y perfección, en el nombre de Jesús. Amén.